El cuerpo me queda grande, cómo a un niño jugando con la ropa de su papá. Los años pasaron demasiado rápido, cómo tren que no alcance a abordar. Siento viejos mis brazos pero mí piel es de bebé. Nunca he sentido el dolor de un puño o el doblón del hambre, no tengo cicatrices.
He descubierto que el camino de adelante se dibuja mirando hacía atrás, pero todavía no sé cerrar los ojos y brincar.
Siento como el pasado me llama, a la barriga de la ballena, privandome del sueño, causando malestar. Ahí donde no hay problemas, uno los va a buscar.
Y es que acaso, ¿todas las aves caen antes de aprender a volar?
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