que no para de crecer.
Que se me sale del pecho,
cómo un niño inquieto por jugar.
Que bombea a mil por hora,
cuando siento amor,
cuando siento miedo,
cuando puedo ver la vida
no como algo que me atrapa,
sino como algo que me abraza.
Que me sana,
que me dice;
"Suelta todo.
Aunque duela,
aunque quieras llorar y no puedas,
aunque no sea posible comprender."
El consuelo es saber que lo entiendes,
una vez que ha terminado.
Hasta entonces,
vive tus preguntas,
acepta el insomnio,
la incertidumbre,
las quejas.
Algún día verás
que la gente cruza en tu camino
para que te identifiques contigo.
Cuando veas eso
no habrá rencor,
no habrá dolor,
sólo paz.
Una ligera intoxicación,
un cachito de vida.
Disfruta, que mañana todo empieza otra vez.